Mi hija me preguntó si su abuela era mala o estaba loca, esa respuesta sería más sencilla sino estuvieran de por medio los sentimientos que se supone que debo tener y los que se supone no debería tener, peron pensando en lo que iba a contestarle me pasaron por los ojos tantas imágenes, imágenes que por años traté de no tener y que después de tanto trabajo para recordarlas ahora quisiera olvidarlas, vi enfrente mío la mirada de odio en sus ojos, sentí su voz cortando mi cuerllo con frases que dijo sólo para destruirme, pude sentir sus manos rozando mi piel únicamente para torturarme y pude escuchar el latido acelerado de su corazón palpitando sediento de más dolor, porque disfrutó de cada evento y planeó el siguiente con macabra cautela, premeditación, esa sería la palabra que encabezaría los titulares si decidiera hablar de todo lo que pasó, pero mi lengua fue cortada y mi voluntad cercenada a tal punto que ni siquiera puedo hablar ahora.
Ahora arremete contra los que amo en un nuevo plan siniestro para hacerme daño, envenenando los corazones y llenando la mente de recuerdos tristes, removiendo la sanque que hace que broten lágrimas de ansiedad y angustiosos momentos, malos recuerdos que traté de que no fueran ciertos, los ha revivido con tanta maldad como el primer día.
No ha cambiado nada sigue siendo cruel y sin medida de lo que significa la misericordia y la empatía. Sigue gozándose del sufrimiento de un niño que indefenso observa con los ojos perplejos ante tanta maldad. Corroer es su vocación. Tendré que ocultarlos debajo de la tierra si es necesario para mantenerlos aparte de tanto odio, no permitiré que los toque nuevamente con sus palabras punzantes, jamás mi historia se repetirá en ellos.
No sé si es locura o maldad, pero para mi tuvo el mismo efecto destructor y sin retorno, horas en sillas y sillones, contando historias para tratar de sanar lo insanable, reabre heridas y me hace sentir tan vulnerable como cuando caminaba hacia atrás imitando al cangrego que sin lograrlo trataba de huir de su verdugo.
La respuesta mi pequeña princesa es ambas cosas, igual de peligrosas, igual de dañinas, igual de irreversibles, igual debemos alejarnos, ya no importa si podíamos ayudar a una restirución, ahora queda protegernos.
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