martes, 28 de diciembre de 2010

El bosque... mis sombras... mi normalidad.

El bosque es mi lugar favorito, es seguro y es tranquilo, es mi refugio, mi lugar de paz, no sé dónde se ubica, no puedo darles la dirección, sé cómo entrar y cómo salir, sé que tiene un gran portón y por años tuvo un gran candado, el cual ahora está abierto y mis tres flores entran y salen, y pueden llamar a quien quiera con solo usar sus nombres.
Tienen confianza y hemos logrado tirar la llave lejos de ese enorme candado que guardaba los secretos de cada uno de los habitantes del bosque.
Árboles fornidos, ordenados cuidadosamente como un batallón listo para la batalla, como un juego de ajedrez donde la posición de cada pieza es vital según el momento.
Los árboles tienen raíces largas y fuertes, no están tan cerca como para entrelazarse entre sí, cada árbol es como una casita que guarda los tesoros de cada quien, los más activos al frente, los más pequeños rodeados, los más indiferentes atrás, no son campos fijos. Los árboles son tan túpidos que sus ramas no dejan entrar el sol por eso el suelo es húmedo y café, si te sientas te mojas, si caminas te tropiezas en las raíces salidas.
Nunca llueve, nunca hace frío, nunca hace calor, es un lugar congelado en el tiempo, todos tienen la misma ropa, los mismos años, las mismas marcas y los mismos ojos.
Cada árbol es una fortaleza, nuestra fortaleza, el bosque está congelado en el tiempo, nadie crece, nadie cambia, es una foto.
¿Quién puede ver una foto sin sentir algo?, nostalgia, risa, tristeza, todas las fotos llevan a un sentimiento y a recuerdos pero a veces recuerdas que comiste tortillas pero se te olvidó como sabían.
Mis árboles son fotos que me llevan a recordar o a sentir pero casi nunca a las dos cosas al mismo tiempo, no sé por qué es tan difícil pero el camino que lleva a mis recuerdos se perdió en alguna parte de mis sentimientos y todo se quedo dormido en el bosque.

No hay comentarios:

Publicar un comentario