No me gustan los espejos, comencé a tener dos en la casa cuando mi hija mayor se convirtió en adolescente pero yo nunca me veo, antes porque cuando me asomaba sentía como si no estuviera sola, como si alguien estuviera detrás mío, luego veía al espejo a alguien que no reconocía.
¿Usted ha tenido la experiencia de creer que va a tomar un sorbo de limonada y cuando lo bebe es agua?, simplemente porque se equivocó de vaso?, la reacción es de rechazo, hasta pareciera que el agua sabe feo y no es porque no le guste, es que usted estaba esperando tomar limonada y su cerebro envía el mensaje con el recuerdo de cual es el sabor de la limonada, al percibir en la boca una cosa diferente a la que las neuronas estaban listas para probar seguramente se produce un corto circuito.
Eso me pasaba a mí, me asomaba al espejo esperando ver "X" cosa y veía otra, es terrorífico, es una sensación de total desconcierto para el cerebro, por eso dejé de verme.
Dentro de mis largos años de recuperación pasé por diferentes momentos, unos más dolorosos que otros pero todos igual de impactantes.
Una de las primeras cosas que mi doctora hizo y mis psicólogas hicieron fue dejar que todas salieran a conversar, a jugar, a conocerlas, ellas llaman a eso "puerta giratoria", es cuando todo el mundo sale aunque sea unos minutos, mis dolores de cabeza eran terribles, pues toda esa actividad mental es muy cansada. Además cada quien tenía cosas que contar y para eso mis super ángeles, como las llamo yo, ocupaban conocerlas.
Muchas veces voy a sesión pero no recuerdo nada de lo que sucedió o cómo regresé a la casa o cómo llegué al consultorio, eso es frustrante y me asusta.
Creo que todas aman los espejos, talves sólo a mi no me guste, porque talvez sólo yo no sepa nada de lo que pasa.
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