En las películas de miedo siempre usan a los espejos para que aparezcan los malos sin que los buenos puedan verlos hasta que ya es demasiado tarde, en mi vida los espejos también reflejan lo más malo y lo más feo, lo que me da más miedo y lo que detesto más.
El espejo muestra a alguien que yo no conozco, a alguien que me parece increíblemente desagradable y a alguien a quien desearía cambiar y como no puedo prefiero simplemente mejor no ver.
Esa no soy yo.
Esa tiene miedo y yo no, esa no transmite la fuerza de la vida que yo quiero transmitir, esa se esconde detrás de unos ojos entreabiertos e hipócritas sonrisas.
Esa que está ahí no tiene nada que ver conmigo, esa está amarrada, esa está condicionada, esa vive para hacer felices a los otros y yo ya acepté que no puedo hacer feliz a nadie, esa quiere que la quieran y yo sé que no es posible.
Esa quiere recordar y yo quiero vivir, esa quiere conocerme y yo quiero desaparecerla, esa que veo ahí quiere engranar su pasado y yo sólo quiero disfrutar el presente.
Ese espejo maldito nunca me muestra, nunca me ve, me desprecia y me desaparece, me invisibiliza y me hace sentir que no existo.
Que se rompan todos los espejos del mundo, por mentirosos y traicioneros, por darle lo que ella quiere ver y despreciar lo que somos, por olvidarnos y por complacerla, que se rompan todos los que no nos ven, que se rompan, que no sirvan, que no reflejen, que se mueran.
Espejos que lloran la ausencia de las personas que existiendo no son vistas, espejos que esperan la verdad de lo que somos, espejos que imposibilitados no trabajan por quienes queremos vernos.
Espejos, espejos y espejos, quiero que no existan más espejos, para no verme, para no verla.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario