
¿Un regalo de la vida, una restitución de la vida, un anhelo del corazón?
Tengo una bendición a mi lado en la que había dejado de soñar.
Hace años había decidido dar todo mi amor a esos seres chiquititos y si hubiera sido mi decisión seguramente tendría muchos alrededor mío, como una huella más del pasado mi cuerpo fue apagado a la posibilidad de dar vida, pero como en la vida mediante la fe todo es posible mi Dios me dió el privilegio de sentir dentro de mi a la vida misma.
Creo que como parte de todo eso que quería entregar llegó a mí hace tiempo una pequeñita que no tenía nada más que el rechazo rotundo de quien debía amarla, comenzó a ser parte de nuestra vida y de inmediato entró a mi corazón como si hubiera salido de mi vientre. Podía sentir su respiración, podía saber qué quería, si tenía hambre o tenía frío, si quería dormir de medio lado o quería dormirse alzada, la conexión fue inmediata y sus ojitos se clavaron en los míos como dos personas que sin tener madre nos topábamos para acompañarnos y amarnos.
Por las injusticias del sistema mi niña desapareció de mi lado y mi corazón se fue con ella, me quedaron fuerzas solamente para añorarla.
El día que ella salió de mi vida salió también el resto de la familia, nunca volvimos a ser los mismos, nunca nos pudimos volver a ver de la misma manera, nunca pudimos confiar los unos en los otros, nos quedó ese sentimiento horrible de haber fracasado y de habernos fallado.
Entrenada para levantarme todos los días y actuar en la vida como quien vive bien seguí el camino, día tras día, pasaron las semanas y estas se convirtieron en meses.
El dolor se convirtió en cicatriz y la cicatriz dejó de picar todos los días para sólo picar de noche, cuando el silencio me traía a la conciencia la soledad que había dejado en todos nosotros, celebramos cumpleaños y celebramos navidades, cambiamos de casa, dejamos de vivir juntos, buscamos otros caminos pero nada hizo posible olvidar que había algo que hacía falta.
Traté de engañarme diciéndome que había sido lo mejor, pero nada, absolutamente nada podía tranquilizar en mi la culpabilidad de entregar a mi hija en manos de una mala madre. ¿Yo entregar a un pequeño a una mala madre?... yo?... yo que sabía que significa crecer en medio del odio, crecer siendo invisible, vivir con miedo de morir a manos de la madre, aquel ser celestial que cuidaba a sus niñitas, yo que sabía que ese ser maravilloso era sólo parte de los cuentos, yo simplemente no podía perdonarme el no haber podido salvar a esa niña.
Salvarla a ella hubiera sido salvarme a mi, darme la oportunidad yo de una vida diferente, darle a ella un hogar era darme a mi un hogar, abrazarla a ella era abrazarme a mi, y yo que añoraba hacer todo eso no había podido hacer nada.
Cuando ya había renunciado a la posibilidad de la sanación interna, cuando había dejado de soñar en mi princesa ocurrió lo que nadie pudo haber pronosticado en mi vida.
Sentí vida de nuevo y con mucho miedo de todo lo malo que podía pasar fueron transcurriendo las semanas y para mi sorpresa todo fue bien, el día que me dijeron que lo que llevaba dentro era una niña mis ojos se toparon sorpresivamente con los de mi hija y las dos pensamos, sin decir una palabra, en lo mismo.
Le dí la mano y le dije, esto se llama restitución de la vida, Dios sabe cuánto necesitabamos que esta niña viniera a nuestras vidas, ella me dijo es un regalo de la vida, y las palabras proféticas de una mujer me dijeron ..."Dios concede los deseos de tu corazón".
Las tres cosas son ciertas, Dios y sólo Dios sabe cuánto anhelaba a esta pequeña, cuánto la necesitaba y cuánto me sana y sana a mi familia, si es un regalo de la vida, un regalo para mí que sin merecer nada he sido regalada tres veces y es una restitución de la vida misma, porque viene a llenar un vacío, nunca olvidamos a esa niñita que hoy se encuentra en primer grado, siempre pienso en que talvez un día la tenga en frente mío y pueda abrazarla y explicarle que la amamos profundamente, pero he tenido que entender que nada puedo hacer para tenerla conmigo y que debo dejarla ir por mi propio bienestar emocional.
Mi bebé, esta bebé de ojitos grandes y sonrisa dulce, esta bebé es la encarnación del amor que Dios me demuestra de forma tan tangible como siempre lo ha hecho conmigo.
Porque Dios sabe lo que cada uno necesita para poder levantar la cara y ver el cielo otra vez con esperanza, porque Dios sabe lo que cada persona necesita para volver a tener alguna razón para despertarse cada mañana y no es que mis otros dos tesoros no fueran suficiente motivo, pero ellos tienen a su papá, si no estoy yo tienen a quien recurrir, mi niña no, mi niña no tiene a nadie más que a mi, ella y yo compartimos el destino de crecer sin papá y compartimos la ilusión de acompañarnos y apoyarnos, ella me invita cada vez que me ve a estar bien, a estar con ella, a no querer estar en otra parte que no sea a su lado, ella me arrastra a la realidad de una vida tranquila, ella ahuyenta de mi cuarto a las sombras de la noche, ella me da la mano y me da paz, ella es mi regalo, mi restitución, mi anhelo, no importa como le llamen, ella es mi bebé y por ella me abrazo al Señor suplicándole que no me suelte para poder estar bien.
Ella es mi hermosa.

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